Las velas han acompañado a la humanidad desde hace más de 5,000 años.
Las primeras eran algo rudimentarias, usando juncos sumergidos en grasa para iluminar y ritualizar.
Los romanos perfeccionaron la fabricación con papiro y sebo o cera de abejas.
En la Edad Media, las velas de sebo eran comunes, pero con mal olor, mientras que las de cera de abeja eran más puras y caras.
En siglos posteriores, la revolución industrial permitió fabricar velas en masa con materiales como la estearina y parafina.
En el siglo XX, la invención de velas de soja y otras ceras vegetales abrió una era más ecológica y con variedades perfumadas que usamos hoy.
